Charles Bukowski: El triunfo de ser un perdedor

Cuando me suelen preguntar el porqué soy un gordo cínico, franco y grosero, prefiero no responder. Lo más probable es que si les menciono el «porqué» de mi actitud de igual manera me dirán lo mismo de siempre: «Eres un amargado de la vida. Nunca vas a triunfar». “Triunfar”, pienso. Triunfar, extraña palabra, ¿que se supone que significa «triunfar»? ¿Significa tener una mansión, el trabajo perfecto, dinero, la tipaza, los hijos superdotados? ¿Es perder mi tiempo leyendo libros de Paulo Coelho para conocer la clave del éxito? De seguro que ellos ya conocen la respuesta; yo aún la desconozco.

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Si llegará Bukowski lo más probable es que me callase la boca con bourbon. Así como desfloró a la literatura con su prosa escueta y se dejo de cursilerias (razón por la que no le guste  a los académicos), me sometería a olvidarme de las atosigantes dudas, y quizás me dijera indirectamente «Carpe Diem».

La senda del perdedor

Bukowski marcó la literatura con una de sus obras más famosas: La senda del perdedor. Obra autobiográfica que narra la pésima vida de Henry Chinaski. Quien soportó los constantes ataques de cólera de su padre, la exclusión social, las peleas violentas contra sus compañeros, la represión sexual y un acné severo que dejó un bonito vestigio en su cara.

Sumado a las frases directas, y la precisión con que nos escupe sus desventuras, Charles, dejó atrás uno de los relatos más crudos sobre la visión de los pisoteados por el sistema, las adicciones, y la vida en los barrios bajos estado unidenses. Como trasfondo se encuentra la segunda guerra mundial, la gran depresión, y la burocracia. Factores que sirvieron como objetos para componer la gran tragicomedia de la vida de Henry Chinaski. Es la antítesis del Romanticismo y el Progresismo del siglo XIX y XX.

Y es un acierto no florear la prosa con cursilerias de sibaritas, y menos para cuando Charles quería demostrar la mentira del sueño americano y la realidad con que se «vivía y vive» en Estados Unidos. Lo que sorprende al lector es como el relato de Henry tiene los elementos dignos de una trama de autoayuda y autosuperación (vida conflictiva e insatisfactoria, pobreza, crimen), y le da igual. Su protagonista no busca triunfar —profesionalmente, ni económicamente—; detesta pararse a las 8 AM para ir al trabajo y regresar a las 5 PM, odia vestirse como un maniquí para cumplir las obligaciones del imbécil de su supervisor, y se cabrea al separarse de su única amiga, la bebida.

Henry ama escribir mientras forma un halo de nicotina con su habano y bebe whisky. Ve la universidad como un circo para monos, no encuentra ni un haz de luz en el  futuro, e intenta escapar del pasado. Tiene ataques de depresión, pero de alguna manera se las apaña para no tirar la cuerda, y recomienza su búsqueda por un poco de dinero para sobrevivir la semana.

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Bukowski me enseñó que uno debe de aceptar el fracaso, y no de odiarle. Unas veces uno se frustra, y es normal que suceda. Lo que no es normal es buscar maniáticamente una manera de evadir el fracaso, la búsqueda de una especie de poción o formula perfecta que nos escabulla detrás del culo del éxito, que a su ves nos coste parte de nuestra dignidad o cualquier abstracción vital de nuestra identidad o ser.

En parte se puede tomar a Bukowski como una especie de Diogenes moderno; la falta de búsqueda de bienes materiales, de lujos, el cinismo, y la aceptación de uno tal cual como es (a excepción de que él prescindía de las adicciones). En sí se puede tomar como un holgazán, misántropo, misógino, imbécil, que lo único que hizo fue beber. Pero algo que no debe quitarsele es el titulo de “escritor maldito”, pues su vida fue una aberración llena de desgracias, dolor, miseria y degeneración que fue plasmada perfectamente en su prosa.

¿Leer al sinvergüenza?

La senda del perdedor no es una lectura para todos (aunque si eres un delirante dudo que no te guste). No es que sea una lectura esotérica —todo lo contrario—, se debe más a que sus libros se embellecen por los insultos, y lo directo que es al narrar situaciones como un polvo, la masturbación, el alcoholismo (incluye todo lo que consideres profano y vulgar). Para Charles nada es sagrado.

Cada vez que te digas «mi vida es la peor» debes de acordarte de Charles Bukowski de modo que te darás cuenta de que no tienes la peor vida, ni eres el desgraciado del mundo. Ese titulo, delirante, dejáselo a Charles Bukowski.

Pincha a Charles para comprar la Senda del perdedor.

Charles

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